Eligiendo Mi Camino
Programa del Banco Mundial y la DRELM en colegios públicos de Lima, ganador del Premio de Innovación del Grupo Banco Mundial. Mi trabajo: convertir las especificaciones y el concepto inicial en dos herramientas de IA funcionando en aulas reales.
Diez de cada cien alcanzan el nivel. Tres de cada diez siguen estudiando.
En el sistema público peruano, solo el 10% de los estudiantes alcanza el nivel adecuado en matemáticas, y apenas 3 de cada 10 acceden a educación superior. El programa ataca las dos puntas a la vez: refuerzo de matemática con un tutor de IA, y orientación vocacional para decidir el camino después del colegio. La meta: que todos los estudiantes de quinto de secundaria continúen sus estudios en la universidad o un instituto, o ingresen a trabajar.
Un mar de especificaciones y un prototipo de happy paths.
El programa llegó co-creado: el Banco Mundial aportó el concepto, las reglas pedagógicas, los datos y un prototipo conceptual. Todo valioso, y todo incompleto para un aula real. Los flujos cubrían el happy path: sin edge cases, sin estados de error, sin la logística de una sesión escolar de verdad.
Mi trabajo fue esa distancia: desmenuzar las especificaciones, reestructurar los flujos y resolver lo que faltaba. Qué pasa cuando el estudiante entra a mitad de programa, cuándo un docente necesita intervenir, cómo se retoma una sesión interrumpida. Y documentarlo todo para el handoff a desarrollo.
Y esa distancia había que recorrerla dos veces, porque el programa son dos herramientas que conviven todo el año escolar. Domina Matemática es el tutor que refuerza lo que se ve en clase; Orientación Vocacional, el coach que acompaña la decisión de qué viene después del colegio. Comparten estudiantes, docentes y puerta de entrada, pero su lógica de sesión es opuesta. Una se practica cuando toca y se puede repetir; la otra avanza por pasos que no vuelven atrás.
Un tutor que pregunta antes de responder.
El tutor de matemáticas trabaja con tutoría socrática: cuando el estudiante se traba, Doc no le da la respuesta — le ayuda a encontrar dónde estuvo el error. El banco de preguntas está alineado al currículo oficial (cuatro competencias, dieciséis temas) y el diagnóstico se lee por competencia y tema, no por nota.
Un coach que orienta: el viaje de ocho pasos.
La orientación no es un test suelto: es un viaje de 8 pasos a lo largo del año escolar. Autoconocimiento, test de intereses, mitos y realidades con fuentes citadas, rutas post-secundaria, exploración de 130 ocupaciones en 12 sectores, investigación con IA, decisión familiar y un plan accionable descargable.
Ese mapa es la columna del programa, pero cada paso es una pieza distinta. Una entrevista con el coach, un test de 67 preguntas, un explorador con buscador y favoritos, un plan que se descarga. Lo que los une es que cada uno deja algo (un perfil, una lista, una decisión) que el siguiente usa como insumo.
El paso 3 es el que mejor muestra la apuesta pedagógica del programa. En vez de dar una charla sobre carreras y sueldos, pone al estudiante a juzgar afirmaciones que probablemente ya escuchó en casa. Y responde con datos y la fuente citada, acierte o no. Nunca castiga el error: cerrar el paso no es sacar buena nota, es salir con datos que antes no tenías.
Tres puertas para tres roles.
- El estudiante entra con su DNI, sin correos ni creación de cuentas: la fricción de un registro clásico no sobrevive un aula de quinto de secundaria.
- El docente monitorea su sección en vivo: quién está conectado, en qué paso va cada estudiante y quién lleva días sin entrar.
- La supervisión del programa ve el avance global por colegio, y una bandeja centraliza los reportes que antes circulaban por WhatsApp.
Sobre el sistema que ya existía, no sobre uno nuevo.
Dos herramientas distintas (una de matemática, otra de orientación) tenían que sentirse del mismo producto desde el primer día. La base fue el design system de uDocz: botones, inputs, cards, tablas, navegación, feedback. Nada de eso se rediseñó, y esa es la decisión: un programa que arranca en 110 colegios a la vez no es el lugar para estrenar un sistema.
Encima se construyó lo que el programa sí necesitaba y el sistema no tenía: una capa de componentes propios. La tarjeta de paso con sus cuatro estados (pendiente, actual, hecho, bloqueado), los ocho iconos del viaje, el sidebar con su progreso, la burbuja del coach, la tabla del plan. Todos con variantes, para que un paso completado se dibuje igual en el sidebar, en el mapa del home y en la tarjeta del propio paso.
Y hay un prototipo navegable en código (HTML, CSS y JavaScript, con data sintética) que porta una parte de ese diseño. No reemplaza al Figma. Sirve para recorrer los flujos completos con las tres puertas, probar el recorrido de una sesión real y entregarle a desarrollo algo que se puede abrir y usar, no solo mirar.
Cambiar el producto sin gastar la confianza del cliente.
Con un socio institucional cada cambio cuesta confianza, y esa moneda no se recupera. Así que antes de tocar nada, clasifiqué: cada cambio propuesto entró en un cajón según su riesgo para el programa. El cajón decidía el trato: si se hacía, si se proponía o si se consultaba.
El resultado: pudimos iterar rápido donde era seguro, y llegar a cada conversación con el socio con una lista corta y clara de decisiones que sí eran suyas.
Primera fase completada, y un programa público que puedes leer.
La primera fase corrió de marzo a julio de 2026 en 110 colegios públicos de Lima, con 6.600 estudiantes y unos 400 docentes capacitados. El programa es público: estas fuentes no son mías, y por eso valen:
